1.2.12

[Pagina12WEB] Noticia enviada por Dario Gomez Pucheta

La siguiente es un articulo publicado en el día de ayer en el Diario Página 12.
Me parece un debate interesante y por eso lo comparto explicitando mi posición.

Comparto (sin duda) la definición que el autor hace de socialismo, y por eso mismo creo que es un debate vigente y necesario para la construcción de una sociedad en la que podamos vivir con alternativas económicas y culturales diferentes al capitalismo.
Sin duda el Kirchnerismo, es producto de la voluntad política y social de cambiar el rumbo en el País luego de la fuerte crisis del 2001, y de un contexto económico mundial favorable; es el actor político referente del proceso del cambio de rumbo. Pero creo que las definiciones de la Presidenta en la última Cumbre del G20 ("...queremos un capitalismo serio..."), el fuerte vinculo con las empresas canadienses de minería (en particular el empresario
Peter Munk capo de la Barrik) por parte de gobernadores que son sostén del gobierno; hacen imposible que el Kirchnerismo sea socialista, es un gobierno desarrollista (que es mejor que el neoliberalismo de los 90, pero no deja de ser capitalismo).

El socialismo es una tarea en construcción que el Kirchnerismo podrá aportar figuras e ideas, pero que a su vez en su propia constitución se encuentra su obstáculo para superarse.

El tiempo y los acontecimientos nacionales y mundiales deberán forjar una cultura socio- política que derive en el socialismo y quienes lideren, solo serán emergentes de los movimientos sociales.

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El país | Martes, 31 de enero de 2012
Opinión

El kirchnerismo y la cuestión socialista

Por Diego Tatian *

El tiempo kirchnerista ha producido un conjunto de transformaciones sustantivas en la cultura política argentina, a partir de haber instalado la cuestión de la igualdad en el centro de la discusión pública y haber orientado a su concreción medidas de gobierno que –como siempre que se trata de producir igualdad– han intervenido en acendradas situaciones de privilegio incompatibles con ella. Esa disputa por la igualdad se ha llevado adelante no sólo sin mengua de las libertades civiles que alojan los cuerpos, el pensamiento y el lenguaje, sino aun creando condiciones materiales para su expansión. Y, sobre todo, se ha llevado adelante en el marco del más estricto respeto del sistema institucional y procedimental que llamamos democrático.

El interrogante –de respuesta para nada obvia– acerca de si una democracia puede ser algo más que un dispositivo legal que reproduce desigualdades, garantiza privilegios y preserva un régimen de ganancia es lo que hay en disputa en la actual experiencia histórica; esa disputa lo es por las posibilidades emancipatorias de la democracia y por el sentido mismo de la política.

Con la expresión "tiempo kirchnerista" no se quiere principalmente aludir a un gobierno, sino a una condición pública e intelectual que representa la sociedad como laboratorio de nuevas libertades y nuevas igualdades, y ejerce en ella subjetividades creativas, formas imprevistas de comunidad desorganizada que no convergen en ninguna parte, más bien vinculadas por una conectividad compleja.

Sin desmedro de una sociedad civil así constituida conforme una politización de alta intensidad, el Estado, lejos de aspirar a ser "mínimo", asume plenamente la instancia de la decisión política, pero autolimitado de cualquier tendencia a bloquear la vitalidad irrepresentable (en el doble sentido de la palabra) de movimientos sociales autónomos. Pensar esta relación entre autonomía y Estado exige un salto de calidad en la reflexión, ante todo abjurar de unilateralidades que los vuelve términos incompatibles, para asumir la tensión existente entre ellos como oportunidad de constituir una potencia compleja, no complaciente, en conflicto productivo, a distancia de un inmediatismo antiinstitucional por una parte, y de una voluntad de cooptación y control por la otra.

"Kirchnerismo" es la palabra que nombra un conjunto de condiciones para llevar adelante una "guerra de posiciones" o (si queremos evitar esta noción gramsciana) una disputa por los significados sociales, un "litigio" (según un término que le gusta a Ricardo Forster) radical que involucra la cultura toda, cuyo efecto más relevante es una activación de formas de pensamiento popular, la generación de capacidades novedosas de transformación social y de concebir otras posibilidades de vida en común.

En ese contexto es que irrumpe la pregunta por el socialismo. "Kirchnerismo", según lo pienso, no es principalmente el nombre de un gobierno, sino la palabra que señala una coyuntura en la que es posible, nuevamente, la pregunta por el socialismo –forma de vida colectiva que, también según lo pienso, es lo más alto a lo que una sociedad puede aspirar–. Hay en curso un momento gramsciano en Latinoamérica, por cuanto un conjunto de democracias de contenido popular implementadas conforme una gramática de los derechos, pueden ser experimentadas –sin que nada garantice su deriva– como oportunidades de transición al socialismo según una temporalidad compleja, por fuera de la alternativa Revolución/Reforma que vertebrara de manera dramática la historia del movimiento obrero en el mundo.

Una recuperación paulatina de los medios de producción por parte del Estado y organizaciones sociales de distinto tipo presupone –es la idea elemental de Gramsci– un consentimiento popular que es posible lograr en la querella democrática, en el fragor de las ideas y de las prácticas militantes, no por un automatismo histórico, sino a través de la política. La transformación económica es efecto –no causa– de una voluntad común y una lucidez colectiva que, de prosperar, preserva a esa trasformación sin necesidad de incurrir en el Terror.

Una sociedad socialista puede ser pensada como una sociedad capaz de practicar formas de vida (en plural) no capitalistas, de austeridad voluntaria, capaz de encontrar la libertad en la igualdad y la igualdad en la libertad. Sobre todo, socialismo no designa una "sociedad de consumo" (que presupone el saqueo de recursos) sino una "sociedad de la abundancia" (que los preserva) –es decir una sociedad en la que todos acceden a los bienes necesarios para su plenitud física y espiritual, a la vez que consideran superflua y predadora su acumulación autónoma–.

Así, socialismo es lo que puede ser pensado como un régimen del deseo posible merced a una universalización de la política, que aspira como resultado de ella a una organización alternativa del trabajo, a una nueva representación de la propiedad y a un vínculo distinto con los recursos naturales. Su sino sería tal vez la lentitud. Pero su origen no debería buscarse en el Parlamento, sino en formas de autoorganización social –que sin embargo no abjuran de las instituciones, consideradas más bien objetos de trabajo político–.

La conciencia cada vez más extendida de que la extracción de oro no es necesaria para vivir ni para vivir bien, y que en cambio presupone una depredación de lo que sí es vitalmente necesario, plantea un límite no sólo a un modelo de extracción minera que procura establecerse, por fortuna no sin importantes resistencias sociales, sino a la economía toda, y nos confronta con la oportunidad de pensar un salto que permita incluir cada vez más sectores populares, pero de otra manera. Si ello se produce, si la movilización y la discusión extendida son capaces de acuñar un modelo de inclusión sin daño, más que nunca hallaría su designación en la palabra "kirchnerismo".

* Docente en la UNC e investigador del Conicet.

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28.11.11

Economía Alternativa

Somos muchos en el mundo los que pensamos que es necesaria (y posible) otro economía para garantizar las necesidades y sobre todo el "bien común".
Aquí un video de ATTAC para profundizar en este pensamiento y actuar en consecuencia.

Christian Felber - La Economía del Bien Común from ATTAC.TV on Vimeo.

4.11.11

IPLAM, urbanización ¿y después?


Comparto este artículo.

Deberemos actuar con firmeza y convicción...está en juego el futuro de todos y todas l@s cordobes@s.

Adela Coria, Legisladora Provincial

María Inés Chiotti, Asesora Legislativa


Planificar el desarrollo de Córdoba no solo es una materia pendiente, sino vital. Una planificación seria ante el crecimiento descontrolado, al ritmo del capital inmobiliario y sojero que tiene a la provincia en una clara crisis socio-ambiental e hídrica, no basta únicamente con un equipo de trabajo técnico e incluso con la consulta a los intendentes y jefes comunales, sino con una planificación realmente participativa de todos los sectores involucrados con un desarrollo integral y ambientalmente sustentable para nuestro territorio.


El Proyecto de Ley Nº 8142/E/11 en cuestión: Implementando la Segunda Etapa del “Plan Metropolitano de Usos del Suelo”, en los términos y con los alcances de la Ley Nº 9841 (Primer Anillo), avanza sobre bosque nativo, agricultura familiar, comunidades campesinas serranas y cuencas hídricas. Se trata de la disputa por el territorio en concreto.


Planificar en base a una única y prioritaria variable (la económica) convierte en cuestionable, como mínimo, este proyecto. Hace tan solo un mes la agenda de todos los medios hablaba de la emergencia hídrica. Salsipuedes, por ejemplo, aún hoy no abastece normalmente de agua a sus habitantes y los mapas de este proyecto de Ley indican un crecimiento exponencial de la urbanización consolidada de esta localidad. ¿Cómo se planifica el abastecimiento de agua para este tipo de casos? ¿Cuántas Canchas de Golf y Countries sustenta este modelo? La ciudad de Alta Gracia también crece, según este proyecto, sobre territorios de bosque nativo y desconociendo como sujetos de derecho a las comunidades serranas de agricultores familiares, y a la problemática hídrica local.


Desde hace varios años los cordobeses vivimos los resultados de la ausencia de planificación y hoy, de una planificación bajo este modelo de crecimiento económico sin desarrollo participativo, integral y sustentable a corto y mediano plazo.


Hace poco más de un año una controvertida e inconstitucional Ley de Bosques fue votada (Nª 9814) por esta legislatura. Hoy, si se aprueba este proyecto, se violan las zonas rojas (máxima categoría de conservación) determinadas por dicha normativa. Cuanto menos, existe una contradicción normativa insalvable por parte de esta misma Legislatura. En psicología y también en política, eso se denomina “esquizofrenia”.


Las diversas instituciones y organizaciones con reconocida trayectoria en el tema y que trabajan e investigan en los territorios afectados al presente Proyecto de Ley, tienen el derecho y el deber de aportar constructivamente al proceso legislativo en pos de una buena y efectiva normativa que cumpla con los legítimos objetivos de la Ley. El pedido por nota formal a participar en el debate de este proyecto, como fue hecho con leyes anteriores de tamaña envergadura, no ha sido reconocido por el presidente de la Comisión de Obras y Servicios Públicos. Sumado a un tratamiento legislativo cuestionable que desconoció a la Comisión de Asuntos Ecológicos, que fuera Comisión Madre de la Ley del IPLAM 1ª Anillo 9814. Es preciso advertir, como aprendizaje de procesos genuinamente democráticos, que si el grupo Escalera y la COTBN1 no lo hubieran demandado, dicha Ley se sancionaba desconociendo el espacio de la Reserva Natural Militar del Tercer Cuerpo, se hubiera triplicado la dimensión de la Calera, y hubiera sido un bochorno su sanción antes de la Ley de Bosques.


Hoy, la miopía y discrecionalidad política del bloque oficialista lleva a tratar en soledad este Proyecto de Ley que impacta, sin lugar a dudas, en lo ambiental y en el carácter mismo de la democracia. Una vez más queda demostrado un estilo de hacer política propio de otros siglos. Es importante saber que los tiempos ya han cambiado.


1 Comisión de Ordenamiento Territorial de Bosque Nativo.

25.10.11

IMPECABLE ARTICULO DE ATILIO BORÓN-AGRADECEMOS DIFUNDIR

Putrefacción moral


 Por Atilio A. Boron

El brutal asesinato de Muammar Khadafi a manos de una jauría de mercenarios organizados y financiados por los gobiernos "democráticos" de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña actualiza dolorosamente la vigencia de un viejo aforismo: "Socialismo o barbarie". No sólo eso: también confirma otra tesis, ratificada una y otra vez que dice que los imperios en decadencia procuran revertir el veredicto inexorable de la historia exacerbando su agresividad y sus atropellos en medio de un clima de insoportable descomposición moral. Ocurrió con el Imperio Romano, luego con el español, más tarde con el otomano, después con el británico, el portugués y hoy está ocurriendo con el norteamericano. No otra es la conclusión que puede extraerse al mirar los numerosos videos que ilustran la forma en que se "hizo justicia" con Khadafi, algo que descalifica irreparablemente a quienes se arrogan la condición de representantes de los más elevados valores de la civilización occidental. Sobre ésta cabría recordar la respuesta que diera Mahatma Gandhi a la pregunta de un periodista, interesado en conocer la opinión del líder asiático sobre el tema: "es una buena idea", respondió con sorna.

El imperialismo necesitaba a Khadafi muerto, lo mismo que Bin Laden. Vivos eran un peligro inmediato, porque sus declaraciones en sede judicial ya no serían tan fáciles de ocultar ante la opinión pública mundial como lo fue en el caso de Saddam Hussein. Si Khadafi hablaba podría haber hecho espectaculares revelaciones, confirmando numerosas sospechas y abonando muchas intuiciones que podrían haber sido documentadas contundentemente por el líder libio, aportando nombres de testaferros imperiales, datos de contratos, comisiones y coimas pagadas a gestores, cuentas en las cuales se depositaron los fondos y muchas cosas más. Podríamos haber sabido que fue lo que Estados Unidos le ofreció a cambio de su suicida colaboración en la "lucha contra el terrorismo", que permitió que en Libia se torturara a los sospechosos que Washington no podía atormentar en Estados Unidos. Habríamos también sabido cuánto dinero aportó para la campaña presidencial de Sarkozy y qué obtuvo a cambio; cuáles fueron los términos del arreglo con Tony Blair y la razón por la cual hizo donativos tan generosos a la London School of Economics; cómo se organizó la trata de personas para enviar jovencitas al decrépito fauno italiano, Silvio Berlusconi, y tantas cosas más. Por eso era necesario callarlo, a como diera lugar.

El último Khadafi, el que se arroja a los brazos de los imperialistas, cometió una sucesión de errores impropios de alguien que ya venía ejerciendo el poder durante treinta años, sobre todo si se tiene en cuenta que el poder enseña. Primer error: creer en la palabra de los líderes occidentales, mafiosos de cuello blanco a los cuales jamás hay que creerles porque más allá de sus rasgos individuales –deleznables salvo alguna que otra excepción– son la personificación de un sistema intrínsecamente inmoral, corrupto e irreformable. Le hubiera venido bien a Khadafi recordar aquella sentencia del Che Guevara cuando decía que "¡no se puede confiar en el imperialismo ni un tantito así!". Y él confió. Y al hacerlo cometió un segundo error: desarmarse. Si los canallas de la OTAN pudieron bombardear a piacere a Libia fue porque Khadafi había desarticulado su sistema de defensa antiaérea y ya no tenía misiles tierra-aire. "Ahora somos amigos", le dijeron Bush, Obama, Blair, Aznar, Zapatero, Sarkozy y Berlusconi y él les creyó. Tercer error, olvidar que como lo recuerda Noam Chomsky, Estados Unidos sólo ataca a rivales débiles e inermes, o que los considera como tales. Por eso pudo atacar a Irak, cuando ya estaba desangrado por la guerra con Irán y largos años de bloqueo. Por eso no ataca a Cuba, porque según los propios reportes de la CIA ocupar militarmente la isla le costaría un mínimo de veinte mil muertos, precio demasiado caro para cualquier presidente.

Los imperialistas le negaron a Khadafi lo que les concedieron a los jerarcas nazis que aniquilaron a seis millones de judíos. ¿Fueron sus crímenes más monstruosos que las atrocidades de los nazis? Y el fiscal general de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, mira para otro lado cuando debería iniciar una demanda en contra del jefe de la OTAN, causante de unas 70.000 muertes de civiles libios. En una muestra de repugnante putrefacción moral la secretaria de Estado Hillary Clinton celebró con risas y una humorada la noticia del asesinato de Khadafi. (Ver http://www.youtube.com/watch?v=Fgcd1ghag5Y) Un poco más cautelosa fue la reacción del Tío Tom (el esclavo negro apatronado que piensa y actúa en función de sus amos blancos) que habita en la Casa Blanca, pero que ya hace unas semanas se había mostrado complacido por la eficacia de la metodología ensayada en Libia, la misma que advirtió podría ser aplicada a otros líderes no dispuestos a lamerle las botas al Tío Sam. Esta ocasional victoria, preludio de una infernal guerra civil que conmoverá a Libia y todo el mundo árabe en poco tiempo más, no detendrá la caída del imperio.

 Mientras tanto, como lo observa un agudo filósofo italiano, Domenico Losurdo, el crimen de Sirte puso en evidencia algo impensable hasta hace pocos meses: la superioridad moral de Khadafi respecto de los carniceros de Washington y Bruselas. Dijo que lucharía hasta el final, que no abandonaría a su pueblo y respetó su palabra.

 Con eso le basta y sobra para erguirse por encima de sus victimarios.




29.8.11

Pichi Campana desconoce las Ordenanzas de la Ciudad

El candidato a la intendencia de la Ciudad por Unión por Córdoba, promete la realización de seis puentes en el Río Suquía, entre los que menciona un puente en la calle Tomas Garzón en el norte de la Ciudad desconociendo la Ordenanza 11702 de creación de la Reserva Natural Urbana San Martín.

La zona que comprende la Reserva tiene considerable importancia en los servicios ambientales y educativos para los que habitamos la ciudad.

Quiero manifestar que se trata de una importante falta de respeto y una innegable falta de conocimiento sobre la realidad la propuesta de Campana; porque desconoce la participación de vecinos y organizaciones para la creación y preservación de la Reserva, desconoce las ordenanzas que sancionó el Concejo Deliberante sobre impacto ambiental y la creación de la Reserva específicamente, desconoce que una obra de esta envergadura afectará la necesaria relación de la Reserva con el Río Suquía. En el fondo muestra que Campana no cambiará nada en las formas y profundizará el modelo que a llevado a la Ciudad a estar presa de los intereses de unos pocos. Pretende tapar la falta de presencia del estado con cemento que pagamos todos los cordobeses en beneficio de algunos privados.

La Reserva San Martín es uno de los últimos pulmones de la ciudad y la última reserva de bosque nativo, la construcción de un puente sobre la calle Tomas Garzón no solo implica desconocer las ordenanzas, hacer que los cordobeses paguemos las obras de algunos desarrollistas, sino que también reducir y atacar de forma letal el ambiente de los cordobeses.



DARIO GOMEZ PUCHETA

CANDIDATO A CONCEJAL

Ciudad de Córdoba

NUEVO ENCUENTRO

Reserva Natural Parque San Martin

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